Madrid Futuro impulsa una conversación pública para avanzar, junto a administraciones, empresas y sociedad civil, hacia un modelo de longevidad saludable que pueda convertirse en referente global
La longevidad ha dejado de ser únicamente un indicador sanitario para convertirse en un factor que transforma la economía, el empleo, la vivienda, la movilidad, la atención sanitaria, la tecnología y la propia organización de las ciudades. ¿Por qué Madrid es una de las ciudades más longevas del mundo? ¿Qué está haciendo bien y qué desafíos debe afrontar para mantener y mejorar esa posición?
Estas han sido algunas de las cuestiones abordadas este lunes en la Conversación de Madrid Futuro «Madrid para la longevidad. Un modelo de ciudad para vivir más y mejor», celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid ante más de 150 representantes de la sociedad civil, empresas, instituciones y administraciones públicas.
El encuentro ha sido presentado por el presidente de Madrid Futuro, Manuel Bretón, e inaugurado por Borja Carabante, delegado del Área de Gobierno de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid. Ha contado asimismo con la reflexión del urbanista internacional Greg Clark, que ha situado la posición de Madrid y el fenómeno de la longevidad en un contexto global.
De vivir más a vivir mejor
Madrid parte de una posición especialmente favorable. Con una esperanza de vida de 86,1 años, se encuentra entre las grandes ciudades más longevas del mundo. Para Madrid Futuro, el desafío consiste ahora en comprender mejor qué factores han permitido alcanzar esa posición, preservarlos y reforzarlos para convertir la longevidad en una verdadera estrategia de ciudad al servicio del bienestar de toda la población.
Así lo ha señalado Manuel Bretón, quien ha destacado la oportunidad que supone para Madrid partir de esta posición y avanzar hacia un modelo capaz de acompañar una vida cada vez más larga con una mayor calidad de vida.
Por su parte, Borja Carabante ha subrayado que el reto no consiste únicamente en vivir más años, sino en hacerlo en mejores condiciones. En este sentido, ha destacado la influencia sobre la calidad de vida de cuestiones como la accesibilidad, la movilidad, la vivienda, la seguridad, la lucha contra la soledad no deseada o la existencia de parques, comercios, plazas y espacios urbanos que favorezcan las relaciones sociales.
El delegado ha incidido así en que la longevidad desborda ampliamente el ámbito sanitario y debe incorporarse a la manera en la que se planifica y transforma la ciudad.
En este contexto se ha referido también al Plan Estratégico Municipal, cuya aprobación está prevista en 2027. Su directora general, Myriam Peón, presente en el encuentro, ha destacado la necesidad de mantener una colaboración permanente y una planificación capaz de adaptarse a los rápidos cambios que experimenta Madrid, para «construir entre todos una ciudad preparada para vivir más y mejor».
Madrid, laboratorio de una nueva longevidad urbana
El urbanista internacional Greg Clark ha situado el fenómeno de la longevidad en la confluencia de dos grandes revoluciones que están transformando las ciudades: la revolución de la longevidad y la revolución urbana, marcada por el crecimiento y la creciente diversidad de la población.
En Madrid, ambas confluyen de una manera especialmente relevante: es una de las grandes ciudades con mayor esperanza de vida y, al mismo tiempo, una ciudad que crece y se transforma con rapidez. Esta combinación, ha señalado Clark, ofrece a Madrid la oportunidad de convertirse en un verdadero laboratorio de longevidad urbana: un lugar desde el que analizar qué factores permiten vivir más y mejor, anticipar las nuevas necesidades que genera una sociedad más longeva y probar soluciones que mejoren la calidad de vida a todas las edades.
Madrid no parte de cero ni tiene que recorrer este camino sola. Puede aprender de la experiencia de otras grandes ciudades, como Tokio, que lleva años adaptando sus políticas y servicios a una sociedad especialmente longeva, o Nueva York, que ha convertido la mejora de la esperanza de vida en un objetivo explícito de ciudad a través de políticas de prevención y salud pública. Al mismo tiempo, la posición excepcional de Madrid le permite desarrollar soluciones propias, medir sus resultados y generar conocimiento que pueda ser útil también para otras ciudades.
La cuestión, ha explicado Clark, ya no es solamente cuántos años vivimos, sino cómo conseguir que las ciudades nos ayuden a vivirlos mejor: «añadir vida a los años, no solo años a la vida». Buena parte de las condiciones que determinan cómo envejecemos se construyen precisamente a escala local: la vivienda, el diseño de los barrios, la movilidad, la proximidad de los servicios sanitarios, los espacios verdes o las relaciones sociales.
Clark ha señalado que la posición de Madrid responde a una combinación de factores heredados —como el clima, la dieta mediterránea o los vínculos intergeneracionales— y decisiones colectivas relacionadas con la sanidad, el transporte público, los espacios verdes o un modelo urbano compacto y transitable.
«Madrid no ha tenido simplemente suerte; ha elegido ser una gran ciudad para una vida larga», ha resumido.
Por su parte, la directora general de Madrid Futuro, Natalia Peiro, ha recordado la magnitud de la transformación demográfica: actualmente una de cada once personas en el mundo tiene 65 años o más y, en 2050, será una de cada seis.
Peiro ha señalado que esta evolución plantea desafíos, como las desigualdades en longevidad o los años vividos en situación de dependencia, pero abre también grandes oportunidades para la investigación, la innovación, la educación y el desarrollo de nuevos servicios y mercados.
Para Madrid Futuro, la elevada esperanza de vida de Madrid ofrece la oportunidad de analizar qué factores la explican, identificar aquellos ámbitos en los que todavía existen retos y convertir ese conocimiento en una estrategia compartida entre administraciones públicas, empresas, universidades, hospitales, sociedad civil e instituciones culturales.
Un nuevo contrato social para una ciudad que cambia
A continuación, una mesa moderada por Natalia Peiro y formada por expertos procedentes de ámbitos muy diferentes ha puesto de manifiesto hasta qué punto el aumento de la longevidad forma parte de una transformación social y urbana mucho más amplia, que está llevando a las ciudades a repensar su contrato social.
En ella han participado Catherine Cummings, directora de Sostenibilidad y Relaciones Institucionales de Sanitas; Rita Gasalla, presidenta del Observatorio de Arquitectura Saludable; Salvador Noves, director de Propuesta de Valor de Segmentos Retail de CaixaBank; María del Mar Pageo, presidenta de Cruz Roja Española, y Cándido S. Pérez, socio responsable de Infraestructuras, Transporte, Gobierno y Sanidad de KPMG.
Madrid crece y cambia rápidamente. Conviven generaciones cada vez más longevas con una población más diversa en orígenes, edades y circunstancias personales y económicas; llegan nuevos residentes procedentes de otros países; aumenta la movilidad internacional y el turismo, y cambian las formas de vivir, trabajar, relacionarse y utilizar la ciudad.
En este contexto, la conversación ha puesto de relieve una idea esencial: no existe una única forma de envejecer ni las personas mayores constituyen un colectivo homogéneo. Las circunstancias de salud, económicas, familiares, sociales o culturales determinan experiencias muy diferentes y exigen respuestas también diversas.
De ahí la importancia de escuchar a las propias personas mayores, conocer sus necesidades y aspiraciones y preservar su autonomía y su capacidad de decisión durante el mayor tiempo posible. La longevidad no puede plantearse únicamente como una política dirigida a un determinado grupo de edad, sino como una reflexión sobre qué tipo de ciudad queremos construir para todas las edades y circunstancias vitales.
Salud, vínculos, propósito y autonomía
Pese a proceder de ámbitos muy diferentes, las intervenciones de los expertos han convergido en una misma idea: el foco debe situarse en la calidad de vida y no únicamente en el número de años vividos.
La conversación ha permitido identificar distintas dimensiones estrechamente relacionadas entre sí: la salud y la prevención; los vínculos y la participación social; la cultura, el aprendizaje y el propósito vital; y la autonomía económica y financiera.
Catherine Cummings, ha destacado que la salud se construye mucho más allá del propio sistema sanitario, a través de los hábitos cotidianos, los espacios públicos, la movilidad o las conexiones sociales.
En la misma línea, María del Mar Pageo, ha incidido en que la aspiración debe ser no solo vivir más años, sino hacerlo durante el mayor tiempo posible libres de discapacidad y limitaciones.
También Cándido S. Pérez ha defendido la necesidad de estudiar mejor las causas que explican la elevada longevidad madrileña y actuar sobre cuestiones como la equidad, la vivienda, la integración sociosanitaria y la actividad física.
Por su parte, Rita Gasalla, ha recordado el papel que pueden desempeñar la arquitectura y el urbanismo como herramientas de prevención, mediante espacios capaces de reducir riesgos, fomentar la actividad física y facilitar una vida autónoma.
Pero el debate ha evidenciado también que la salud física es solo una parte del bienestar. Las relaciones sociales, el sentimiento de pertenencia, la cultura, la participación en la comunidad y la posibilidad de seguir contribuyendo a ella resultan igualmente importantes.
En este ámbito cobra especial relevancia el propósito vital: seguir teniendo razones para aprender, participar, relacionarse, aportar experiencia y sentirse útil. La cultura, la educación a lo largo de toda la vida, las relaciones intergeneracionales y el voluntariado social pueden desempeñar un papel fundamental para mantener la vinculación con la comunidad y combatir la soledad y el aislamiento.
A ello se suma la autonomía financiera, indispensable para poder tomar decisiones y conservar la independencia durante una vida cada vez más larga. Salvador Noves, ha destacado la importancia de la educación y la cultura financieras y las oportunidades de innovación vinculadas a la silver economy, así como la necesidad de impulsar soluciones desde la colaboración público-privada.
La conversación ha dejado así una visión compartida de la longevidad como un fenómeno que atraviesa prácticamente todas las dimensiones de la vida y de la ciudad. El desafío para Madrid es conseguir que vivir más signifique también vivir mejor: con salud, autonomía, seguridad, vínculos, participación y propósito, y aprovechar su posición de partida para convertirse en un referente internacional de una nueva forma de entender la longevidad urbana.
Madrid Futuro es una asociación sin ánimo de lucro que facilita el diálogo y la acción conjunta de la sociedad civil para contribuir al crecimiento de Madrid como una ciudad equitativa, próspera y global. Está formada por más de 100 empresas, startups, universidades, instituciones culturales, ONG, fundaciones, asociaciones empresariales y ciudadanos.







